Mi primer contacto con dicho grupo, ocurrió a los tres meses de mi reversión al Islam en una de las primeras mezquitas de la ciudad de Granada situada en la Placeta Albayda en el año 1982.
Nunca tuve la menor duda respecto al esfuerzo realizado por estos trabajadores islámicos, en su afán por intentar atraer hacia las mezquitas a todos aquellos musulmanes que por diversos motivos o circunstancias han dejado de frecuentarlas. Aun sabiendo de que cualquier parcela sobre la tierra está considerada como mezquita para los musulmanes, la importancia de realizar las cinco oraciones diarias en grupo, supera con creces las bendiciones y recompensas obtenidas de las que se hacen individualmente, salvo las no obligatorias. Y esto es algo que todo musulmán conoce. Al mismo tiempo, la Mezquita es un lugar en donde se comparte, imparte y recibe conocimiento del Islam, como también, un lugar en donde cada uno puede dar a conocer sus necesidades o dificultades y de manera colectiva intentar ayudarle.
La urgencia de reconcienciar a todos aquellos musulmanes que han dejado de frecuentar las mezquitas por haberse entregado al ocio y a la diversión de manera pecaminosa, es de vital importancia para que Islam pueda volver a ser un ejemplo de vida en una sociedad corrupta, desorientada y sin muchas posibilidades de una mejora colectiva.
La Yama'at Tabligh ha dado, por la gracia y misericordia de Al-lah, con el método de acercamiento a estos hermanos musulmanes quienes en estos momentos puedan encontrarse entregados a los efímeros placeres de la vida mundanal y sumergidos en la delicuencia, corrupción etc, etc., sin que prácticamente nadie le ayude a recapacitar del mal ejemplo que como musulmanes están dando del Islám y a la sociedad; y sobretodo, del gran daño que se están haciendo a ellos mismos.
Estaban muy organizados y siempre ocupados realizando diferentes actividades devocionales, tales como, la recitación del Corán, Dik'r..., e incluso algunos, entregados a la oración durante toda la noche.
Su comportamiento me impactó de tal manera, que ansiaba con todo mi corazón poder llegar a vivir y amar a Al-lah y a Su Mensajero (s.a.w) de la misma manera que ellos lo hacían. Incluso el hecho de ofrecerte un simple dátil acercándotelo a tu boca con sus ojos llenos de tímidas lágrimas mientras susurraban ¡"Bismillah...bismillah!, hacía que te sintieras muy querido debido a ese pequeño, pero, sincero gesto .
Fue el dátil más dulce que jamás he probado en mi vida.
Debido a la grandeza de su fe, unida a la pureza y sinceridad de sus actos, estos grandes y al mismo tiempo sencillos hombres, entraron muy fácilmente en mi corazón. Cada vez me sentía más y más atraído debido a la manera en que se relacionaban entre ellos y con los demás. Sus conversaciones siempre estaban dirigidas en torno a la manera de vida islámica basándose en el Corán y la Sunnah del Mensajero de Al-lah (s.a.w.). Jamas entraban en temas relacionados con la política, negocios, vanidades, críticas, murmuraciones...etc.
Desde ese entonces, estos grupos de Yama'at Tabligh incrementarían sus visitas año tras año a la ciudad de Granada.
Gracias a la ayuda de Al-lah y al esfuerzo y sacrificio de estos hermanos de la Yama'at Tabligh, cientos de miles de musulmanes que se habían alejado de las mezquitas o abandonado la práctica del Din embelesados por el efímero disfrute de la vida mundanal, volvían a restablecer sus obligaciones con la Mezquita y el Islam. ¡Alhamdulillah!
El siguiente texto es un extracto del libro titulado "La Decadencia de los musulmanes y su único remedio" por Maulana Ethesham-ul-Hasan Kandhalvi.
"El pasado nos revela que los musulmanes fueron los únicos poseedores de honor, dignidad, poder y grandeza, pero cuando uno aleja sus ojos de las páginas de los libros de la historia, y observa a los musulmanes de hoy en día, uno se encuentra con la imagen de una gente hundida en la miseria y la desgracia, una gente que carece de autentica fuerza, poder, honor o dignidad, hermandad o amor mutuo, reflejando por ello infinidad de carencias, virtudes o carácter moral digno de ser mencionado. Dificilmente se puede encontrar en ellos algún signo de aquellas nobles acciones que en un tiempo llegaron a ser el símbolo de todos y cada uno de los Musulmanes. Hoy en día, sería muy extraño encontrar a un ser humano del que pueda decirse que tenga sinceridad de conciencia. Por el contrario, una gran e inmensa mayoría de los musulmanes en estos tiempos de hipocresía y conflictos, están hundidos en el vicio y el pecado. Desgraciadamente, este asunto no termina aquí. La juventud musulmana de esta nueva generación la cual ha sido afectada e influenciada por las así llamadas tendencia modernas o estilo de vida occidental, se complacen en reírse de los mismísimos ideales del Islam criticando sin reparos el código sagrado de la "Shariat" aludiendo que se encuentra fuera de lugar y por lo tanto impracticable".
En otras parte del libro se puede leer lo siguiente:
"Durante mucho tiempo, algunos destacados eruditos y predicadores islámicos han estado cavilando seriamente sobre la desafortunada y difícil situación de su gente y esforzándose duramente en sus intentos para poder reformar la sociedad musulmana; pero ¡nada! (el tratamiento agravaba aún más la enfermedad)".
"La manera de recuperar honor, grandeza, vehemencia, gloria y virtud por los musulmanes, descansa solamente en poseer una fe consolidada. Si su relación para con Al-lah Ta'ala y el Sagrado Profeta (S.A.W.) se establece firme y fuerte, ellos estarán destinados a ser los maestros de todas y cada una de las cosas sobre esta tierra. Pero si por el contrario, se vuelve débil o se rompe, la inevitable consecuencia de todo ello será la degradación y el desastre. Esta última parte se hace evidente en el siguiente versículo del Sagrado Corán:
1) ¡Por el Tiempo! (de que es testigo) Que es cierto que el hombre está en pérdida.
2) Pero no así los que creen, llevan a cabo las acciones de bien, se encomiendan la verdad
3) y se encomiendan la paciencia. (Surat del Tiempo: 103/ 1-3)

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